El final del relato
responde, íntegramente, a las obsesiones personales de su creador.
Si en obras posteriores como Old Boy (id. 2003) o el fragmento
Cut, perteneciente al film colectivo Three…extremes
(Saam gaang yi, 2004), Chan-wook se desdobla en uno (o dos) de los
protagonistas, en Judgement se convierte en el Dios omnisciente
y omnipotente que juzga a los personajes por sus malas acciones. De
esta manera, el terremoto que asola a la morgue durante el clímax,
actúa a modo de epifanía reveladora –subrayada
por el cambio del B/N al color-, donde todos sufren su sentencia –de
ahí también el nombre del cortometraje-, a excepción
del forense, auténtico damnificado por un trabajo que le fuerza
a concienciarse día tras día que cada cadáver
puede pertenecer a su hija. Una conclusión absolutamente deus
exmachina, donde Chan-wook imparte una justicia cercana a los
designios bíblicos del Viejo Testamento, y cuya magnificencia
no suavizará en sus siguientes trabajos.
2.
Joint Security Area: Bajo los designios del cine de consumo
En
los últimos tiempos, el público surcoreano parece sentirse
atraído por aquellos largometrajes que abordan el conflicto
político entre las dos Coreas, ya sea desde una óptica
paranoica como Shiri, o pacifista como Welcome to Dongmakgol
(Park Kwang-hyun, 2005), una temática hiriente habida cuenta
de las tensiones que subsisten entre dos países hermanos, cuyos
gobernantes parecen haber inoculado un odio mutuo que todavía
pervive. El éxito de público de la ya nombrada Shiri
ha sido una primera piedra de toque para la posterior producción
de títulos de temática bélica como Lazos
de sangre (Taegukgi hwinalrimyeo. Kang Je-gyu, 2004) o Silmido
(id. Kang Woo-suk, 2003), siendo ambos los films más taquilleros
en Corea del Sur durante el 2004 y el 2003 respectivamente. Joint
Security Area (Gongdong gyeongbi guyeok, 2000) se inscribe dentro
de esta tendencia, convirtiéndose igualmente en la película
más taquillera del año 2000, superando a blockbusters
norteamericanos de la talla de Misión Imposible 2
(Mission: Impossible 2. John Woo, 2000) o Gladiator (id.
Ridley Scott, 2000), y manteniéndose durante 20 semanas consecutivas
en exhibición comercial.
Partiendo de una
novela de Park Sang-yeon, y protagonizada por varios miembros del
star-system surcoreano, JSA se encuadra en el subgénero
del thriller militar, y toda su acción transcurre en el paralelo
38, frontera Norte/Sur de la península coreana, en un asentamiento
militar que separa ambas Coreas. Un grupo de oficiales suizos, pertenecientes
a las denominadas Naciones Neutrales –entiéndase, la
ONU- debe investigar un altercado cometido en territorio de Corea
del Norte, un violento tiroteo culminado con la muerte de varios oficiales
norcoreanos. La encargada del caso es una oficial suiza de origen
surcoreana –la actriz Lee Yeong-ae-, incapaz de comprender plenamente
la situación de paranoia y desconfianza mutua que se profesan
los soldados de ambos lados.
Así,
la Mayor Sophie E. Jean actuará como canalizadora de la investigación,
intentando esclarecer unos hechos que las dos partes tergiversan según
su conveniencia.
Es difícil
encontrar en JSA la marca personal de su director, ante un
producto perfectamente diseñado para su éxito comercial.
Chan-wook se plega ante las demandas de la producción y sirve
en bandeja lo que se espera de él: una factura visual impecable
y una acusada concisión narrativa. Pero a pesar que JSA
es una película donde lo visual se encuentra siempre supeditado
a la historia, y donde Chan-wook se encuentra maniatado, está
lejos de ser un film despreciable, más bien todo lo contrario.
Lejos de propuestas moralizantes y sensibleras como Lazos de sangre,
JSA es un thriller crudo, sin happy-endings,
de una acritud que lo convierte en ocasiones en una pieza no muy fácil
de digerir, y donde las secuencias de acción desprenden un
realismo y una aspereza inusitada para ser un blockbuster,
secuencias que al mismo tiempo se encuentran perfectamente dosificadas,
sin quitarle relevancia a los cuantiosos y elocuentes diálogos.
Resultando algo obvia en su alegato antibelicista –que no por
evidente, no deja de ser justo y necesario-, JSA no es una
película que peque de demagogia barata, ya que lanza dardos
envenenados a diversos frentes: las mentiras y engaños que
promueven ambos lados, la inútil presencia de las Naciones
Unidas en la zona de conflicto, los intereses norteamericanos en Corea
del Sur por encima de declaraciones bienintencionadas, la desconexión
existente entre los altos cargos y los soldados "de a pie",
la ceguera ideológica de los oficiales, el absurdo odio alimentado
por los gobiernos; todo ello expuesto a veces de manera explícita
–las declaraciones de ambos ejércitos, donde manipulan
la información y coartan la libertad de expresión de
los implicados-, y otras veces de forma implícita –la
secuencia en la que los soldados se reúnen para hacerse una
foto colectiva, y el que la realiza, tapa con el encuadre la foto
del líder norcoreano colgada en una pared-. JSA es
una apuesta por el humanismo, por una cordura que hoy por hoy sigue
pareciendo una mera utopía.
En
la batalla por delimitar una presunta autoría, Park Chan-wook
ofrece singulares ideas de puesta en escena, como la creativa manera
de introducir algunos flashbacks; el intento de suicidio
del soldado Nam –plasmado mediante la congelación de
la imagen para resaltar el dramatismo del instante-; la deslumbrante
planificación y el uso del montaje en las escasas pero efectivas
secuencias de acción; el insistente plano cenital sobre la
línea divisoria del paralelo 38 que enfatiza la separación
entre ambos países; o el reiterado uso del travelling
circular en las secuencias que comparten los soldados en el interior
del búnker, acentuando una vez más su preferencia por
colocar a sus personajes dentro del encuadre, en este caso para subrayar
la complicidad entre ellos, y dotándolos de la misma importancia.
De igual manera, destaca un habitual inserto de un plano general dentro
de la dialéctica tradicional del plano-contraplano –si
bien en alguna ocasión, se advierte un carácter más
esteticista-, que no alivia la tensión, sino que vuelve a remarcar
el distanciamiento físico entre ellos –cf. la primera
secuencia en la que los soldados de ambas Coreas se encuentran de
manera fortuita durante la noche-. Pero no solo visualmente se advierten
destellos de su cine, sino que un análisis más profundo
de los personajes desvela ciertos lugares comunes, ya que al fin y
al cabo, no son más que títeres envueltos en un cierto
halo fatalista, incapaces de escapar de un destino ya escrito, del
mismo modo que el sordomudo de Sympathy for Mr. Vengeance
(Boksuneun naui geot, 2002) o el padre vengador de Old Boy,
pero en este caso, por el estricto hecho de pertenecer a una u otra
nación.
El brutal éxito
de JSA, tanto en la propia Corea del Sur como en múltiples
festivales internacionales, catapulta inmediatamente a la fama a su
realizador, y es entonces cuando puede afrontar con una fuerte garantía
económica, un proyecto escrito con anterioridad: Sympathy
for Mr. Vengeance.
3.
If You Were Me: Un interludio social
A
pesar de ser rodada tras el fracaso comercial que supuso Sympathy
for Mr. Vengeance, me permito el lujo de comentar antes que aquella
esta breve y fallida, pero igualmente interesante contribución
de Park Chan-wook a un, por otra parte, muy estimulante film colectivo.
If you were me (Yeoseot gae ui siseon, 2003) es un proyecto
sufragado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Corea
del Sur, con el objetivo de despertar conciencias y realizar una brusca
y directa llamada de atención ante diversas problemáticas
sociales que asolan a un país en pleno apogeo económico.
A través de la mirada de seis directores, If you were me
presenta un mosaico de personajes al límite que parecen no
tener sitio en una sociedad que aboga por la perfección como
requisito principal para ser admitido en su seno. Chicas con sobrepeso
buscando la aceptación mediante la adhesión a los arquetipos
sociales, inmigrantes nepalíes que luchan por un sueño
inalcanzable, pederastas que tratan de exonerar sus pecados, o disminuidos
psíquicos que sobreviven en un contexto imposible, son algunos
de los outsiders que conforman este valiente y aguerrido largometraje
a recuperar, cuyo valor no reside únicamente en su abierta
denuncia, sino en la heterogeneidad en el tratamiento de las historias,
que se mueven entre el realismo social, el docudrama, el cuento fantástico,
o la tragicomedia negra.