 |
|
El
año 1997 constituye una fractura en la línea que había
seguido tradicionalmente la cinematografía tailandesa, y precisamente,
en un periodo de continuo desmoronamiento de una economía que
había vivido en los últimos años, al igual que
otros países de la zona, tiempos de expansión económica
(coincide casualmente con el año que inició la renovación
del cine coreano, también dentro de un periodo de crisis en
su país). Ese mismo año, el gobierno anuncia la devaluación
de la moneda, lo que provoca el hundimiento de grandes compañías
financieras y el consiguiente aumento del desempleo. Ante esta situación,
la industria cinematográfica, que no pasaba por su mejor momento,
auguraba un negro futuro. Sin embargo, la inesperada aparición
de tres innovadoras películas realizadas por directores debutantes
procedentes del mundo de la televisión, y que han resultado
ser fundamentales para el desarrollo posterior del cine tailandés,
va a contradecir esas expectativas.
La primera de estas tres películas, y quizá la más
importante, será Fun Bar Karaoke, del ya prestigioso
realizador Pen-ek Ratanaruang. La presentación de su ópera
prima en el Festival de Berlín, la primera vez en muchos años
que un film tailandés se incluye dentro de la programación
de un gran festival, supone la apertura de este cine al resto del
mundo e inaugura un periodo de creciente reconocimiento por parte
de la crítica internacional. La película gira entorno
a una joven que, a duras penas, trata de encauzar la desenfrenada
vida de su padre, convertido en juerguista y mujeriego tras la repentina
muerte de su esposa. Mezcla de alocada comedia y cine de gangsters,
retrata con acierto la impresión de modernización y
occidentalización que recorre al nuevo Bangkok y su contraste
con las prácticas ancestrales todavía vigentes, y funciona,
al mismo tiempo, como sátira sobre la familia y la sociedad
urbana contemporánea. Formado en Estados Unidos, Ratanaruang
manifiesta claramente influencias del cine occidental y logra inculcar
una visión más realista y moderna al tradicional estilo
tailandés. Ya en este primer trabajo aparecen elementos recurrentes,
como el papel que juegan el azar y el destino, que posteriormente
se extenderán al resto de su filmografía.
La
segunda película de las mencionadas, Dang Bireley's And The
Young Gangsters, del también debutante Nonzee Nimibutr,
alcanza un éxito descomunal dentro de su propio país,
y se convierte, hasta ese momento, en el film tailandés más
taquillero de la historia. Nimibutr, que hasta entonces había
dirigido spots para la televisión, retrata el violento ascenso
de un grupo de jóvenes amigos dentro del crimen organizado en
la década de los cincuenta. Con una estética más
cercana al cine negro americano (no en vano se homenajea a ciertas estrellas
cinematográficas y musicales de los cincuenta) pero desprovisto
de todo rasgo de realismo que pudiese haber en aquel, y con un grupo
de actores prácticamente desconocidos, actualiza un género
de larga tradición en el país, adecuándolo a las
tendencias más actuales.
Y
en tercer lugar, Who Is Running?, dirigida por el hongkonés
Oxide Pang Chun, otro realizador procedente de la publicidad, pero que
había iniciado su trabajo como colorista de telecine. Sobre la
frenética historia de un joven que, por indicación de
un monje budista, debe evitar la muerte de cinco personas para poder
salvar a su novia, Oxide combina de forma experimental varios cortos
realizados por él mismo con anterioridad, y despliega a modo
de ensayo, numerosas técnicas, propias del cine de acción,
inéditas hasta entonces en el cine tailandés, como el
montaje acelerado o el slow-motion. Con este debut, presentado con éxito
en varios festivales internacionales, a pesar de no conseguir una taquilla
importante, adquiere el estatus de director de calidad e inicia una
carrera de éxitos junto a su hermano gemelo Danny, dentro y fuera
del país.
La producción se moderniza, comienzan las exportaciones
La
enorme repercusión de estas tres películas sumada a la
aparición en escena de nuevos grupos de inversión, en
su mayoría empresas discográficas, consigue aumentar la
cuota de pantalla y frenar momentáneamente el avance del cine
americano. El mercado doméstico comienza a ser dominado por producciones
tailandesas, que cada año se incrementan en número. A
ello se suma la apertura de nuevas salas de exhibición, a pesar
de que todavía siguen siendo escasas, y la presencia de un público
joven, generalmente urbano, más abierto a las corrientes modernas.
A partir de entonces, la mentalidad de la industria cambia radicalmente.
La prioridad es ahora la exportación a otros mercados y si es
posible el éxito de taquilla, y para ello, el envoltorio debe
ser esencial. Por tanto, el presupuesto de las películas se amplía
considerablemente, en algunos casos hasta alcanzar cotas escandalosas
para el mercado asiático. El éxito y el prestigio con
el que son recibidos los nuevos realizadores ofrecen confianza a las
productoras a la hora de arriesgarse con nuevas propuestas. Cobran importancia
la mejora del diseño de producción y las infraestructuras,
la promoción y la calidad de los actores. Surgen pequeñas
empresas de producción al margen de las grandes majors, que intentan
hacerse con una parte del pastel que representa los nuevos mercados.
En 1998 se inaugura el primer Bangkok Film Festival, que posteriormente
pasa a ser el Bangkok Internacional Film Festival. Se inicia también
la coproducción con otros países, algo prácticamente
inexistente hasta entonces. La distribuidora holandesa de cine asiático,
Fortissimo Film Sales empieza a interesarse en los nuevos directores.
6ixtynin9, la segunda película de Pen-ek Ratanaruang
será la primera en ser distribuida internacionalmente. Poco después,
el segundo trabajo de Nozee Nimibutr, Nang Nak, seguirá el mismo
camino. Entran en juego, también, compañías asiáticas
interesadas en la coproducción y en la distribución, como
es el caso de Film Bangkok, que participa en películas como Tears
Of The Black Tiger o Bangkok Dangerous.
Con
6ixtynin9 (1999), Pen-ek Ratanaruang, vuelve a conseguir el
reconocimiento internacional, y se consolida como el autor más
sugerente de la nueva hornada de realizadores que actúa dentro
de la industria, a pesar de que realiza su trabajo a medio camino entre
el cine comercial y el independiente. La película, una combinación
de thriller y comedia negra, en ocasiones ciertamente delirante, narra
las peripecias por las que pasa una oficinista recién despedida,
que se encuentra delante de su apartamento una caja repleta de dinero.
A partir de ese momento, asistimos a una desmedida sucesión de
crímenes y malentendidos, con la que Ratanaruang continúa
explorando el tema de la casualidad (sus films recuerdan mucho al trabajo
del director japonés Sabu). Con el trasfondo de la crisis económica
y mediante una puesta en escena más sobria que sus contemporáneos
y una estética más depurada que su anterior trabajo, 6xistynin9
funciona como un sarcástico reflejo de la codicia y las miserias
humanas. Con todo, es todavía un film de aprendizaje y experimentación,
que ya anuncia un estilo propio que irá consolidando en sus dos
siguientes películas.
Nang Nak (1999) de Nonzee Nimibutr barre las taquillas del
país, consiguiendo la mayor recaudación del año,
por encima películas americanas como Titanic y recibe varios
galardones en el Asia-Pacific Film Festival y en el Festival de Rotterdam.
Mucho más cercana al cine comercial, la película actualiza
el célebre relato Mae Naak Phra Khanong, sobre el fantasma de
una esposa que atosiga a su marido en busca de venganza, y que ya había
sido llevado a la pantalla en numerosas ocasiones. La novedad está
en que Nimibutr se aleja del cine de terror para centrarse más
en la eterna historia de amor de la pareja, resultando un alegato a
favor del amor tradicional y en contra de la infidelidad y de los celos.
Nang Nak es también la primera colaboración con Wisit
Sasanatieng, que en esta ocasión firma el guión, y que
posteriormente realizará Tears Of The Black Tiger y
Citizen Dog, ambas producidas por el propio Nimibutr a través
de su productora Cinemasia.
|