De ahí en más fue saltando del heroic bloodshed (policiales sacados llenos de balas y sangre) a la comedia romántica, de ahí al wuxia pian, al policial hiperfacturado de actuación medida y pro, incursionó en el guión y la dirección, y entre tanto, y gracias a todos los dioses, siguió con esas Cat III que nos dejan rebotando contra las paredes. Películas en que encarna personajes de una sacadez y un nivel de rencor social arbitrario (pero nunca tanto) como pocas veces se vio. Personajes que se enfrentan al mundo y desnudan la podredumbre social con una fruición irrespondible, y que, para nuestro solaz, no necesitan explicarnos sus motivos, para qué, si ya sabemos que todo esto a lo que llaman mundo es una mierda.

Pero basta de generalidades y a reseñar, que tenemos que recomendar tres películas del carajo y se nos acaba el espacio. Una aclaración: son pocos los videoclubes que pueden llegar a tener estas películas. Y como la piratería está condenada por el propio Papa, no se pueden bajar subtituladas al castellano de Internet con el emule ni el bittorrent, ni se pueden encargar en Parque Centenario ni Parque Rivadavia, entonces hay que comprarlas pidiéndolas a EUA o Hong Kong, en dólares y subtituladas al inglés. Se puede hacer por Internet, eso sí.

L A · H I S T O R I A · J A M Á S · C O N T A D A
( B u n m a n : T h e · U n t o l d · S t o r y, D a n n y · L e e , H e r m a n · Y a u , 1 9 9 2 ).

Minisinopsis: Un mozo-carnicero (A.Wong) tiene tendencia a enojarse, y en esos casos es capaz de asesinar salvajemente; cuando esto sucede, para no dejar pruebas, ejerce su oficio carniceril y convierte sus víctimas en empanaditas, que venderá al día siguiente a los clientes de su boliche como si fueran de cerdo. Pero unos policías empiezan a sospechar que este buen hombre anda en algo raro.

La composición de Wong es poderosa: los anteojos que deforman su mirada, la posición de los hombros, su expresión bovina, casi entrando al territorio de lo subhumano, la curva de su columna vertebral... Y esos destellos de vida, anticipando el desastre. Porque en la mirada de este hombre, tan apagada, cuando se avecina el terremoto algo se enciende, algo del orden de lo Divino: el anticipo de la degustación de la revancha, de la venganza, de la descarga de todo aquello que viene cargando por tener que soportar vivir en sociedad. Una descarga que es pura crueldad desmedida, increíblemente desmedida, arbitraria incluso. Pero que se despega con natural violencia de la sombra del excluido. Nadie, y mucho menos el propio personaje, le hecha la culpa de su fracaso a la sociedad. Pero sus explosiones, claramente, la están apuntando. Y sí, todo esto se ve en la mirada de este animal cuando empieza a sospechar que la incerteza que lo aqueja al respecto de qué hacer con tal o cual persona tiene en realidad una salida liberadora, que la ansiedad tiene una manera de despejarse: asesinar. Y nada limpiamente. Con la roña de la desesperación más asquerosa. Y, claro, con un placer creciente.

La historia empuja al personaje más y más al borde. El intenta manejar un poco de algo, pero es más lo que se ve superado que lo que pilotea. Y es un asco, una inmundicia, el que quiera alguna identificación con ese personaje no tiene de donde agarrarse, porque es una porquería.

Pero tampoco la identificación aparece por el lado de los policías. Estos están al mando del oficial Lee, (Danny Lee, también co-director de esta película, ya famoso para esa época por haber hecho el policía de la sublime The Killer, de John Woo), y son unos imbéciles patéticos que actúan en un código de comedia para pre-adolescentes. En el medio, el oficial Lee encarna un código de actuación bisagra, entre el tono de comedia boba de sus hombres y el naturalismo deformado de Wong. Pero cuando parece que se llegó al equilibrio, los polis empiezan a mostrar una hilacha tan espantosa, que el mismo Wong pasa a ser un personaje épico, casi un héroe.

Bunman: The untold story es una película para estómagos fuertes (todas estas lo son). Por lo gore, por la sangre, la violencia... es muy morbosa, como cuadra a la batea del Cat III. Con la característica agregada de estar basada en un caso real. Dice Herman Yau, director de la peli: Hice un gran trabajo de investigación durante la preproducción de la película. Pero la mejor información me la dio un hombre que estuvo encerrado en la misma celda que Bunman. Después de recoger toda la información, nos juntamos a hablar sobre el personaje con Anthony Wong. En la reunión le di una foto del verdadero Bunman. El vio la foto e inmediatamente le imitó la expresión. Y cuando lo vi supe que era el mejor Bunman posible. (...) Y en el estreno, la gente que atacaba la película por cuestiones morales, lo que no podía objetar nunca era la calidad de la brillante actuación de Anthony Wong.

Y ya que citamos a Yau, aclaramos: si bien el disparador de esta nota es nuestro fanatismo por Anthony Wong, también le estamos rindiendo un gran homenaje a Herman Yau, el otro Gardel del Cat III, director de las tres películas de las que estamos hablando. Pero bueno, esta vez nos concentraremos en el actor. Así que pasamos a:

T A X I · H U N T E R
(D i · s h i · p a n · g u a n , H e r m a n · Y a u, 1 9 9 3 )

Un vendedor de seguros en ascenso pierde a su mujer embarazada por culpa de un tachero irresponsable. Una serie de pequeños detalles cotidianos van haciendo que el hombre, un tranquilo, pálido y algo patético empleaducho, vaya acercándose al punto de ebullición. Y se acerca, y más cerca, y ya está ahí nomás de cruzar la barrera sin retorno, y va llegando... Y bueno, imaginate: el vengador anónimo, a su lado, es como el vaporcillo de una melancólica lágrima de Andrea Celeste.

Una película que tarda un rato en empezar, pero cuando arranca es tremenda. Y acá salta a la vista la capacidad de transformación de Wong. Cómo con unos toques expresivos va contando los cambios que pide la trama. Del vendedor en ascenso, apocado y muy enamorado, a la víctima melancolizada, entregada, al muerto en vida casi completo, al que de pronto encuentra un motivo para emitir nuevamente una pequeña sonrisa.

 

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